Cita del mes

Las encarnaciones en animales nos revelan a Dioniso como a un ser mucho más importante y peligroso que un mero dios del vino. Es el principio de la vida animal, el cazado y el cazador, la potencia desatada que el hombre envidia en las bestias e intenta asimilar. Originariamente los humanos intentaron alcanzar la comunión con esta potencia rindiéndole culto, lo cual tuvo el efecto psicológico de liberar al hombre y a sus instintos de servidumbre impuesta por la razón y la costumbre social: el adorador se percató de una vitalidad nueva y extraña, que atribuyó a la presencia del dios en su interior.

Dodds, E.R. (1960) « Introduction », en Euripides, Bacchae, Oxford: Clarendon Press.

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